miércoles, 24 de octubre de 2012

Sueño



Te soñé. Como si no hiciera falta pensarte en el bondi, en los semáforos en rojo, en la demora del subte, en mi demora, en fin; como si no bastara con pensarte con los ojos abiertos. En realidad no te soñé, osea, el sueño no era para vos, quiero decir, el sueño no estaba relacionado con vos, pero como siempre, hasta en los sueños, aparecés de golpe, con o sin sentido, y cambias el rumbo de mi fin.
Creo que apareciste cerca de mi despertar. Tu cara entró en mi sueño y borraste todo lo que antes había creado vaya uno a saber qué parte de mi cerebro. ¿Será la misma que te piensa, te quiere olvidar y te vuelve a pensar? ¿O ese seré yo y le estoy echando la culpa a una parte de mi cerebro?
Ahora no recuerdo si era una pesadilla lo que estaba soñando y llegaste a rescatarme (la verdad que no creo, no tenés pinta de heroína) o era un gran sueño y llegaste para arruinarlo (por acá, puede estar la verdad). Me desperté y dije ''pero la pucha, otra vez me desayuno con vos. Hoy no voy a pensarte''. Qué iluso que soy a veces, como si pudiera manejar mi pensamiento, como si pudiese elegir cuando recordarte y cuando no, o por lo menos saber de antemano cuando va a llegar tu recuerdo y así, ponerme una campera, cerrar los puños, morder los labios, y aguantar tu tempestad.
El café con leche está sobre la mesa, las galletitas dulces también. El diario con olor a diario completa el desayuno. En la tapa está Messi, se lo ve feliz. Llego a la estúpida e inverosímil conclusión de que el astro argentino tiene esa gran sonrisa porque no soñó con vos. Me río en voz alta de las boludeces que llego a pensar a las ocho de la mañana. Termino el café con leche, dejo alguna que otra galletita, el diario está por la mitad, Messi sigue sonriendo al igual que vos; pero él en la tapa de un diario y vos en mis recuerdos con olor a diario.


martes, 21 de agosto de 2012

Tu barrio y mi noche.



Y la noche entró a comer. Y el auto (conmigo en su interior) ingresó a un barrio fantasma. Voy cerca de tu casa, la que jamás visité. Nunca pise tu barrio, ni en las nuevas, ni en las viejas épocas. Pero me sé de memoria el camino a tu casa. Con los ojos vendados y enceguecidos, rengo y mal dormido, puedo golpear tu puerta, puedo abrir tu ojos. No importa que me cambies los olores de tu cama siempre llego para soñar que hago una trinchera en tu almohada, para poder perder cerca tuyo. Es un barrio de casas bajas y árboles enanos, de perros con ojos de luciérnagas que aúllan en la oscuridad, de barro y barro, de brujas sin escobas, de recuerdos con siete vidas. Es tan parecido a lo que nunca me contaste. Mejor aún, así puedo dibujarte sobre esta hoja negra; estás flotando en una esquina enamorando a los colectivos, dejando caer de tu pelo oscuro (de noche y estrellas) las dudas sobre las alcantarillas,mientras que con tu risa volvés inmóvil al tiempo, paralítico y de madera.
Frente al auto se cruza un Siberiano amarillo, lo más parecido a un lobo que pudo dibujar la noche, y el viento mueve una montañita de polvo; lo más idéntico a un tornado que pudo crear el clima mientras moría de sueño. El chofer baja la velocidad en las lomas de burro y en tus recuerdos. Yo apoyando mi cabeza sobre el marco de la ventanilla miro los alambrados, las ramas y tus sueños. Siento que pasé mil veces esta escena. Siento que escribí doscientas cuarenta veces está noche. Me sorprendo al comprobar que te miré más de nueve siglos sin pestañear.

Voy escapando de tu barrio, apuras penas, como un ladrón de gallinas de huevos oro. Me despido abriendo los ojos para no imaginarte, cantando bajito para no escuchar los reproches de mi alma (que está aburrida de extrañarte). El auto volvió a su ruta normal. Los árboles,tu barrio, tu fantasma y el Siberiano amarillo silban a modo de despedida el silencio de mi noche.

miércoles, 15 de agosto de 2012

El metegol


La etapa de la primaria es una vida dentro de las varias vidas que recorre el ser desde que absorbe intuitivamente, y a la vez casi sin querer,  el primer sorbo de aire hasta que la oscuridad del ataúd toma el color, la realidad, y la forma de un punto final.  Son los primeros años de escuela en los cuales se dan y quedan pegadas en el guardapolvo y en las paredes de la memoria, cientos de anécdotas que al encenderse se esparcen en el presente como miles de bolitas desparramándose lentamente en un piso eterno de cemento.
Época de Romeo y Julieta (amores imposibles), de poligamia (varios amores a la vez), de amistades  verdaderas (esas que perduran en las demás vidas), de amores degenerados (enamorarse de la señorita), de no conocer la mentira y por ende la falsedad, historias de dientes de leche,  historias de mancha congelada, de pantalones rotos en las rodillas, etc, etc.  
No recuerdo muy bien mi edad cuando apareció mágicamente (como algo que siempre estuvo) en la puerta del quisco que estaba al lado de la escuela. Pero el ruido gris clarito de la pelotita impactando con total impunidad en la red de metal se mantiene inmortal en mi memoria auditiva.  Era un metegol.  Ciento por ciento de fierro. Un estadio en miniatura con veintidós gladiadores divididos equitativamente en el verde (desteñido) plástico campo de juego.  Once jugadores rojos contra once jugadores  amarillos, una pelota (siete en realidad) y un árbitro invisible. El partido costaba diez centavos o cinco centavos envuelto en un papel fino; se depositaba la moneda  en la herradura, luego se tiraba de una manija y, si se hacía correctamente, se escuchaba el glorioso ruido del derrumbe de las pelotitas.
El metegol era furor en la escuela y en la cuadra. De tal manera que venían otros colegios a jugar.  No sé en qué momento se germina el ‘’código’’ de la lealtad, porque a pesar de que muchos chicos querían jugar al metegol se respetaba a quienes estaban jugando y las fichas que tenían. El respeto ante todo. Aunque siempre había algún vivo que mientras se estaba disputando el partido se adelantaba y ponía sus diez centavos.  ‘’Te juego por la ficha’’ (siempre se decía ficha a pesar de que ése metegol era con monedas) era una frase recurrente para iniciar los duelos.  Casi siempre se jugaba de a cuatro (dos contra dos), pocas veces había ‘’singles’’.
Los buenos jugaban sin ‘’molinete’’, sin gol del medio, con ‘’gol de chancha vale doble’’ (chancha era el arquero) y ‘’zapatero paga la ficha’’. Uno a simple vista ve a los jugadores metálicos y saca la conclusión de que sólo le pegaban a la pelotita y nada más, que en eso se basaba el juego, pero le juro que había cada uno de los chicos que los hacían tener vida: la pisaban, la traían para acá, le pegaban con chanfle, hacían volar a los arqueros, hasta he visto goles de chilena o de un metegol a otro.    
Con mis compañeros jugábamos siempre a la salida de clase. Durante el día mendigábamos monedas y las asesinábamos a la tarde.  Yo no era muy bueno que digamos; arranqué de mitad de cancha para delante pero mi poca virtud me llevó encontrar mi mejor versión defendiendo, y tampoco era una maravilla. Eso sí, lo disfrutaba muchísimo.  El puño de mi camisa blanca se iba negro al terminar los partidos por culpa de la grasa o el aceite (no recuerdo bien qué era) que tenían los brazos del metegol.  Como llegaba muy tarde a mi casa mi vieja me decía ‘’estuviste jugando al metegol, qué te dije Adrian, basta de llegar tarde’’ y yo con los puños y las manos llenas de evidencia trataba de hacer sin éxito lo más difícil (tan difícil que rozaba lo imposible): engañar a mamá.
La formación inamovible de ese metegol era un 3-4-3 (tres defensores, cuatro mediocampistas y tres delanteros). Para mí, el puesto más injusto era el del arquero. Debía parar la pelota como cualquier arquero de cualquier deporte pero con una diferencia tan notoria que lo hace el puesto más  arduo: no usaba las manos (porque no tenía o estaba abrazado al caño, para no caerse), debía evitar el fracaso solamente con su tranco o su cara. Era lo más parecido a un delincuente o preso político al cual llevan al paredón de fusilamiento. ‘’Disparen que acá estoy yo’’ hubiera dicho si Dios le hubiese dado el privilegio del habla. También tenía que luchar con los intentos de gol en contra de sus compañeros. El lado positivo era que su gol casi siempre valía doble, no es para menos con todo lo que tenía que sufrir.
Culpable de risas, broncas, retos, amistades, euforia. Culpable de recuerdos imborrables. Culpable de nostalgias. Quién diría que un montón de fierros significaría tanto. La infancia lleva tatuada esa cancha de metro veinte de altura en el brazo. Hoy los metegoles están en peligro de extinción, pero cuando encuentro alguno en los cumpleaños de mis primitos retrocedo en la edad y el pibe que jugaba horrible pero lo disfrutaba como a nada en el mundo, se pone en posición defensiva, se le pianta una mueca de placer y se olvida que su mamá lo va a retar si llega tarde a la casa con la camisa manchada de negro felicidad.



domingo, 22 de julio de 2012

''Yo si me suicidio va a ser un domingo a la tarde''


Muchos dicen que una vez se hizo un estudio (en Estados Unidos como todos los estudios que se hacen) en donde se refleja que los domingos son los días en los cuales se producen más suicidios. A ese ‘’estudio’’ todos lo dan por sentado. Nadie se pregunta si de verdad se hizo o fue un chiste de sobremesa que tomó tanta sopa que terminó siendo un mito y de ahí llegó a ser una verdad irrefutable.  La gente prefiere creer antes que ponerse a pensar.

‘’Yo si me suicidio va a ser un domingo a la tarde’’ dice un gran amigo mío. Y ahí, en esa declaración, se ve algo que los estudiosos de Estados Unidos pasaron por alto. El domingo se pone heavy entre las dos de la tarde y las nueve de la noche.  En ese horario al ser humano se le cae la venda de los ojos y se da cuenta que no tiene que pensar en el trabajo, que el sábado se llevó al cansancio, y que es ‘’libre’’ y que esa ‘’libertad’’ lo asusta.  Uno se encuentra con uno mismo, desnudo, frente a un espejo. Y eso lo desespera.  El ‘’ uno’’ del espejo le dice ‘’¡ahí tenés papá! ¿Vos no querías descansar? ¿Vos no pedías a gritos el domingo? Ahora pedís por favor algo para hacer…’’.

El domingo se caga de risa de todos. Es el más jodón de los días. Por ejemplo, a mí, hoy,  me dibuja un panorama excelente (para él): tos destructiva (de esas que la gente te mira con lástima  y hace caras de preocupación cuando toces), mi viejo escuchando máximo volumen un mp3 de Raphael, mi vieja cantando temas de Raphael en el lavadero.  El domingo y la fiaca son amigos desde chicos, se conocen desde jardín. ¡Hasta Dios descansó un domingo!  Ahora pienso que Dios vive en un eterno domingo y como está tan aburrido se pone a jugar con la vida de cada uno o inventa terremotos y todos esos desastre naturales que los ambientalistas nos echan la culpa a nosotros. Mirá si por tirar un papelito en la calle voy a hacer que en verano haga 45 grados de calor y se mueran los osos polares. No tengo tanta fuerza. Por ahora…
A veces me veo en una batalla al estilo lejano oeste contra el domingo. Ambos con sombrero, varios cactus, buitres  merodeando la zona, el revólver del lado derecho, ‘’cuando den las 17.00 comenzará el duelo’’, el cadillo volando (la bola de espinas)  y el rechinar de los caballos. Por supuesto siempre gana él.  Yo mal herido no puedo escribir, me encierro en la pieza, veo las horas pasar, busco telarañas (que no hay) en el techo, me quejo, me ‘’desquejo’’ y me vuelvo a quejar.  

Tendríamos que definir de quién es la culpa de que el domingo sea tan suicida. ¿De nosotros? ¿De los científicos de Estados Unidos? ¿De Dios? ¿De los buitres del lejano oeste? ¿Del mismo domingo? Quizá la culpa es compartida o quizás nadie la tiene.  Lo bueno de este día, es que te hace reflexionar. Si te molesta por algo será. Funciona de piedrita en el zapato y eso está bueno.  Hay que salir del domingo interno ¡Hay que gatillar más rápido que él!  

Seguiría escribiendo pero la fiaca y la siesta me llaman desnudas desde el somier. 

sábado, 30 de junio de 2012

El azar,el destino,el tiempo y dos pares de medias



El otoño regalaba un lunes con una fina lluvia tiernamente molesta. Día húmedo y desgastante. Así se empezaban a distribuir las piezas de ajedrez de la mañana. Yo era el rey. Ese rey torpe que sólo se mueve de a un casillero por turno,  al que le cuesta comer hasta a los peones y que vive con la sombra del ‘’jaque mate’’ sobre la cabeza, con el puntito rojo sobre la sien del mejor francotirador de la tierra. En cambio ella cada vez más disfrutaba de su mote de ‘’reyna’’, de la libertad, de su pelo oscuro al viento, de la lluvia débil que muere sobre su piel, del ir y venir entre los alfiles, los caballos y las torres. Todavía me sigo preguntando si yo era un rey o un peón al que la corona se le caía de la cabeza.

Habíamos acordado (como tantas otras veces) encontrarnos en un bar en donde se confunden  Callao y Corrientes. Llegué primero (como nunca). Dudaba si esperarla dentro o fuera del bar. Dudé de todo. Abrí la puerta, entré, me acerqué a la mesa y dudé otra vez. Las dudas se me caían de los bolsillos, me brotaban de las orejas, me picaban como pulgas a un perro vagabundo; era inexplicable e ilógico mi sentimiento: ya nos habíamos visto muchas veces, me conocía de memoria su risa, su tic de acariciarse el pelo cuando está nerviosa, sus frases creativas y también habría logrado cierta simpatía con su inseparable y exótica cartera violeta. Entonces ¿Por qué me sentía tan intranquilo?... Salí del bar. Pispié  el cielo de reojo  y prendí un cigarrillo. Miré el reloj, volví a ojear el firmamento y al bajar la mirada a la calle mis ojos se perdieron entre los autos que iban en marcha lenta, gritando, frenando y volviendo a avanzar; me hacían acordar a un reloj al cual le cuesta horrores mover la aguja del segundero. El tiempo se había acoplado a la humedad del día y pasaba de manera lenta y pegajosa… y Clara que no llegaba.

Pasaron diez minutos y el mundo seguía igual desde que había salido del bar. Me iba impacientando, su bendita costumbre de llevarse bien con los horarios prefijados iban sumando más agua al balde de mis nervios. Calmé la ansiedad cambiando de foco mi atención: un vendedor ambulante se distinguía entre la gente vendiendo medias de algodón; se presentaba, hacía algunos gestos, sus ojos tristes (de antifaz o no) no coordinaban con la risa pícara que trae consigo la calle. Lo observé un tiempo largo, había logrado vender tres pares, y por dentro pensé que mi mirada le traía suerte. De repente el vendedor se da cuenta que lo estoy mirando y se acerca hacía a mi ’’¿Señor, quiere comprar dos pares de medias a diez pesos?’’, le hice el gesto negativo con la cabeza pero él insistió, me dijo que las toque para que compruebe la calidad; tuve que aceptar sin remedio. Pasó un minuto entre el ‘’tira y afloje’’, entre el ‘’no gracias y el ¿está seguro?’’, entre mis negaciones  y sus súplicas. Siempre me costó decirle que ‘’no’’ a la gente, desde chico nunca entendí el por qué de mi actitud que me negaba a negar. Cuando estaba por ceder ante la presión del vendedor alguien desde atrás me toca el hombro.

Fueron dos golpes tímidos, cariñosamente tímidos. A pesar de que tenía una campera puede sentir los dedos de quien pedía mi atención. Antes de darme vuelta para ver quién era, puede descubrir en la cara del vendedor que esa persona era distinta. Me doy vuelta y era ella; su pelo oscuro no llegaba por algunos centímetros a sus hombros, su cara de tez extremadamente blanca y su nariz tallada por un Dios escultor era lo más hermoso que rondaba por la zona de Balvanera a las diez de la mañana. Vestía unos pantalones Oxford, una camisa escocesa y un saco oscuro, y sus pies estaban protegidos por unos borcegos. Nunca había estado tan linda. La belleza que la rodeaba ese día nunca la pudo repetir, fue para ella (en realidad para mí, el observador y juez de esta apreciación) como lo fue ‘’Don Quijote’’ para Cervantes, ‘’Cien años de soledad’’ para Garcia Marquez , la ‘’Insoportable levedad del ser’’ para Kundera: una obra única e irrepetible. Me quedé tan estupefacto que me olvidé del vendedor, solamente giré la cabeza y con ella todo mi cuerpo.

-Hola. Perdón por el retraso- Dijo con una sonrisa  que la convertía en inimputable hasta de un triple homicidio a plena luz del día.
-No te hagas problema. Me salvaste de comprar un par de medias que no quería. (El vendedor se había ido en busca de otros clientes). No sé si será el lunes, o el otoño, o mis ojos, o qué, pero vos estás muy linda.- Lancé sin pensar sintiendo vergüenza ajena de mi nulo control de las palabras.
- Gracias. Definitivamente esto de hacerte esperar te convierte en más piropeador. ¿Qué hacemos?
-¿El mismo bar de siempre?- Respondí preguntando y  sintiendo el mismo molesto pensamiento anterior ¡era más que obvio que ella quería hacer otra cosa!
-¿Te parece? Mejor caminemos…- Contestó sutilmente



¿Qué me pasaba con Clara? Difícil de explicar. Nos conocíamos desde la primaria. Hicimos juntos sexto grado en horario de la tarde hasta que ella se cambió a la mañana y un año después de Colegio.  Nos volvimos a cruzar (ya veinteañeros) en una fiesta de conocidos y a partir de ahí empezamos a tener más contacto. Las casualidades que a veces presenta sospechosamente la vida nos mostró que trabajamos cerca. Ambos a pocas cuadras del Congreso. Callao y Corrientes era nuestra figurita repetida. Desde el primer momento del segundo encuentro mi mente la trataba de otra manera. Ella era una mezcla de pasado y presente. Clara fundía el tiempo y lo transformaba en aire, un aire que llenaba mis pulmones y me confundía más y más. De chico estaba enamorado perdidamente de ella .Cada vez que recuerdo ese beso que nos dimos jugando a la botellita en un cumpleaños una comparsa de mariposas albinas invade e ilumina mi interior pintado de oscuro.  Es imposible que pueda dividir, despegar, separar, el recuerdo de ella con su presente. Las dos Claras me noquean.

Caminábamos sin rumbo, como línea invisible tomamos Callao, cruzamos Av Córdoba y llegamos a una plaza. En esas cinco cuadras, ella tomó las riendas de la conversación y yo sólo atinaba a contestarle y prestarle atención. Nos reímos de una señora que tenía un tapado chistoso y de un señor que cantaba cumbia en voz alta. Era una caminata agradable. La notaba distinta a Clara, su forma de mirarme no era la misma que siempre, había una luz invisible en sus ojos cuando se fijaban en mí, que me hacía brotar un dejo confianza. Nos sentamos en un banco despintado.

Hablamos diez minutos más y nos besamos. Repetimos el mismo episodio luego de más de quince años, pero esta vez el azar de una botella que gira no tuvo nada que ver.  ¿O si? ¿Tal vez la historia ya estaba escrita por ese beso? ¿Tal vez el destino lo había anunciado en ese cumpleaños y no nos dimos cuenta? ¿O tal vez fuimos en contra del destino y la suerte? Quién sabe…Le pregunté si recordaba ese cumpleaños, me contestó que no pero hizo memoria y luego con una risa le dio la bienvenida al recuerdo. Encontré una botellita que estaba tirada al lado del banco, me puse en frente de Clara, puse la botella en el piso y la hice girar; apuntó a cualquiera lado, entonces con mi mano modifiqué la dirección y volví a besar a Clara.  Luego seguimos hablando de su vida y de la mía, de Capital Federal, y de todo lo que se nos venía a la mente. El silencio que se daba en nuestra charla ya no era algo incómodo, es más, era reconfortante. Nos levantamos y la acompañé a tomarse el colectivo. Subió y yo (como en toda escena romántica) esperaba su saludo desde arriba, pero no ocurrió. Habíamos quedado en volver a vernos. Volví a Callao y Corrientes caminando a paso lento, sin mirar a la gente, ni escuchando a los autos, sólo recordando lo que hasta hace un momento era presente.

Antes de bajar a la boca del subte, escucho una voz que me parecía conocida. Era la voz del vendedor ambulante. Estaba de espaldas a mí tratando de venderle las medias a una señora que parecía espantada ante su forma de exponer el producto. La señora le dijo que no y aceleró su paso. En ese momento le toco la espalda, el vendedor sorprendido  se da vuelta y antes de que éste diga algo, lo miro, le sonrío y le digo: dame dos pares, por favor…



    
 




miércoles, 13 de junio de 2012

Estación Constitución


El reloj me avisa algo que mi mente ya se había enterado: hora de irse del trabajo. Apago la computadora, recojo mis cosas, saludo a los que quedan y me voy. Camino a paso rápido unas cuadras y cuando estoy por llegar a la parada del colectivo, veo que este va a llegar antes que yo; aplico ese ''nitro'' que poco abunda a las 18.30 horas en el cuerpo y con la lengua afuera (y gracias al semáforo en rojo) llego a la parada antes que el mastodonte de cuatro ruedas manejado por un mastodonte de bigotes.
A veces me pongo a pensar qué significa la vuelta del trabajo a la casa para las personas. Creo que mientras más lejos de tu hogar queda tu puesto de laburo más valor le das a esas ''horas perdidas''. En mi caso la vuelta es de aproximadamente dos horas. Hay gente afortunada que su retorno consta de menos de media hora y me animo a decir que a eso no se le puede llamar ''vuelta a casa'', no merece ser tener ese rótulo.
Una vez arriba del colectivo que me va a llevar a Constitución es fácil descubrir quién lo toma para volver a casa y quién para otros fines: la mirada es distinta, el movimiento del cuerpo, el tono de voz, la resignación, la poca paciencia, etc. Veo por el cuadro del bondi que la tarde se va acostando sobre el horizonte y poco a poco se va vistiendo de noche. El ''28'' llega a Constitución, toco el timbre y conmigo bajan varias personas.
 Constitución es una de las ovejas negras de la europea Capital Federal. Es el tío borracho, drogadicto y mujeriego de la familia hecha y derecha de apellido compuesto y perlas caras. Esta terminal va cambiando de forma  según la hora del día: a la mañana es presa del caos, de la velocidad, del reloj, de la puteada, de la tortilla caliente a cuatro pesos, del ruido,  de la vida y de las palomas; a la tarde tiene aroma a las largas filas de gente que esperan volver a su casa, a las golosinas baratas, a las calles mal cruzadas, a los borrachos que lloran penas ajenas y propias, al ‘’uno con veinte por favor’’, a  las prostitutas y travestis que compiten por el rating, a los pungas, al superpancho  con papas y coca, a los autos en cámara lenta, a los africanos que venden anillos y al retraso del tren; a la noche su figura se viste de miedo al miedo, se llena de ratas, se droga con poxiram, se convierte en un nene castigado por el pasado, por presente y por el futuro, pide monedas como un zombi-borracho ,  asoma la nariz sobre los árboles con olor a meo, manguea al igual que los policías corruptos, duerme bajo el autopista y le duele la panza por comer algo caliente… Constitución es eso y mucho más.  Ocupa un lugar en la vida de las personas que pasan por ella, pero tal vez nadie se da cuenta.  Constitución tiene dos hermanas: Retiro y Once;  poseen  el mismo color de ojos, la misma nariz, los mismos problemas, la misma mugre que meter bajo la alfombra...
Una vez sentado en el colectivo en viaje para Varela, desconecto mi mente y me desmayo por un rato largo.  No sé cuantos días pasan, ni cuantas primaveras, ni cuantos fines del mundo, pero cuando me despierto (todavía en viaje) tengo la sensación de que es otra vida y me cuesta entender  todo lo que me rodea. Ese proceso de negación a la realidad se va en cinco minutos. Arrastrándome llego  a tocar el timbre, desciendo y emprendo mi camino a pie. Piso las cuadras que quedan y cuando llego a mi casa me recibe mi perra con una sonrisa de par en par, mi gato con ganas de  jugar, mi vieja con un beso y una caricia, mi casa con la calma de siempre, mi papá con las noticias de Boca. Llego a mi cama, lanzo mi mochila y mi campera contra ella, desde la cocina se escucha: ‘’Adrian te hice supremas con puré’’, me miro al espejo y con una mueca de felicidad grito para mi interior: la pucha que vale la pena estar vivo...       

jueves, 17 de mayo de 2012

Abecedario del Colectivo. (personajes y demás)














A) COLECTIVERO COPADO: chofer que a pesar de que su bondi lleve a media Capital Federal sigue levantando gente en todas las paradas y contesta amablemente cuando le decís ''buen día''. SU FRASE PREFERIDA: ''En el medio hay lugar'' (Yo me pregunto si de verdad se creen eso)
B) COLECTIVERO CORNUDO: Cara de orto. Suele discutir con las señoras que se les cae la monedita o dicen ''chofer yo pedí 1.10 y usted me puso 1.20''. Frena en muy pocas paradas, en especial en las cuales hay chicas lindas. No tiene piedad para cerrar la puerta en la cara o arrancar el colectivo cuando recién uno agarra el estribo. SU FRASE PREFERIDA: No tiene.
C) VIEJAS RAPACES: Habitan todos los bondis de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Son ventajeras y apenas suben al colectivo realizan un estudio de caso sobre los posibles asientos a ocupar. Son capaces de dejar la vida por viajar sentadas. SU ARMA PREFERIDA: La cartera ventajista! Esta cartera tiene la virtud de pegarse instantáneamente al asiento cuando apenas es desocupado. Cuando el asiento queda libre las ''viejas rapaces'' se hacen lugar a codazos para llegar a su objetivo. Cuando están sentadas adelante y sube una embarazada suelen hacerse las dormidas.

D) MÚSICO FRUSTRADO: persona que se pone los auriculares y sueña que esta tocando en una banda. Algunos cantan, otros hace la ''guitarra de aire'' y otros son bateristas profesionales. No les importa los ''cadáveres durmientes''.

E) CADÁVERES DURMIENTES: persona que apenas apoya su cuerpo en el asiento se duerme de manera sorpresiva. Algunos roncan, otros sueñan, otros pegan codazos, otros babean, otros al mínimo mal movimiento del colectivo se caen, otros se golpean la cara contra la ventanilla.
F) ANCIANOS ORGULLOSOS: anciano/na de una edad avanzada en la cual todos los ocupantes del asiento de adelante (menos las viejas rapaces) se levantan para darle el asiento, pero ellos dicen ''no...mija/jo gracias, ya me bajo''(todos sabemos que no se bajan). Ceden recién a la 3 veces que se lo decís.



G) PARAGUAYO BILINGÜE: Personaje de nacionalidad paraguaya o descendiente que tiene la fortuna de que Dios le haya brindado la capacidad de usar dos idiomas en una misma oración. Suelen hacerse escuchar en todo el colectivo. Te hacen creer que están hablando mal de vos. El mecanismo de este lenguaje consta de 3 palabras en guaraní y tres palabras en castellano más la velocidad de poder decir estas 6 palabras en menos de 5 segundos.
H) MÚSICA PARA TODOS: personaje que a pesar de tener auriculares desea que todo el colectivo escuche su armoniosa música. Casi siempre son personas que escuchan cumbia. Tiene una envidiable capacidad de ser inmutable a todas las miradas de la gente. ARMA PREFERIDA: el alta-voz del celular.
I) BEBÉ CON BIGOTES: son esas personas que suben al colectivo con las criaturas en brazos, lo que no se dieron cuenta es que esa criatura que llevan en brazos ya tiene 12 AÑOS y a veces 15 años, si y todo por un asiento.
J) BORRACHO AMIGABLE: Ronda los colectivos los fines de semana o viernes a la noche. Te usa psicólogo o para debatir sobre la situación del país. Al bajar te saluda por la ventanilla y luego te agrega al facebook. Al dormirse ronca muy fuerte. Y casi siempre se pasa de parada.
K) MACGYVER: persona que al no tener asiento utiliza su ingenio para poder sentarse: escalón de la puerta trasera del colectivo, al lado de la maquina de monedas, en la puerta de adelante, en el piso. En fin, en donde sea. Sufre de dolores en la cintura.
L) MORALISTA: personaje que apenas ve a una embarazada, jublilado, etc. Grita ''un asiento por favor'', '' un asiento por favor''. Si su reclamo no es atendido, comienza a utilizar malas palabras, casi siempre logra su objetivo y recibe un ''gracias'' del beneficiado. NOTA: suele hacerse el dormido cuando está sentado y viene una embarazada.
M) ESPIA: personaje que apenas sube al colectivo y antes de poner las monedas, ya mira cuales son los asientos disponibles. En caso de que el colectivo no tenga asientos disponibles, busca a la persona que en un futuro próximo se bajara.
 TECNICAS: 1) van directamente a los chicos que van a la escuela.
2) Miran el boleto de la persona que esta sentada. (si dice 1.10 seguro que baja en las próximas paradas) . Tienen un cierto parecido a las ''Viejas rapaces''. Muy difícil que erren el objetivo. Si fallan se deprimen mucho. Se atenazan al asiento (con uñas y dientes) de la persona que se va a bajar.
N) PAREJITA FOGOSA: Pareja que por lo visto se ama demasiado y confunde el asiento del bondi con un reservado de boliche (quien no lo habrá hecho alguna vez). No importa la hora del día ellos apretan y apretan y apretan y apretan y apretan... Cuando tienen que descender del colectivo, al hombre le es imposible disimular. EL macho sufre dolor de testículo.
Ñ) BOTINERA DE COLECTIVO: Mujer que por ''buena onda'' está todo el viaje hablando con el colectivero. A veces son mujeres, novias, amigas, amigas futuras novias. Suelen obtener beneficios como: que el chofer las baje donde ELLAS quieren, no pagar el boleto,etc. Desventaja: van todo el trayecto paradas.
O) VENDEDOR AMBULANTE: hay varios tipos de estos vendedores:
1) Intimidador: con un discurso muy atrapante sobre su producto, te hace creer que la crema verde de caballo con olor rico te puede curar todo (reuma, gripe, varicela, hongos, depresión,etc). Son los que tienen un éxito rotundo en ventas. Su día de trabajo es el finde semana.
2) Emepetrestista: vendedor de Mp3. Trae su equipito de música al cual lo hace funcionar 3 pilas bien gordas de DURACELL. En su repertorio tiene de TODO (y cuando digo de TODO no miento) desde Mp3 de Piñon Fijo, pasando por los redondos, deteniéndonos en Sandro, mirando a Ricky Martin, Los chalchaleros, Spinetta, Grupo Red, Daniel Agostini, etc. Y lo más increíble es que todo lo tiene en su bolsito negro. Suelen poner voz de locutor. Tienen tendencia a aparecer los fines de semana o los días de semana en los cuales uno no tiene ni cinco pesos en la billetera. LO MALO: los sobrecitos en los cuales te dan los MP3 son una cagada.
3)Anti-Indec: Vendedor que sale con precios increíbles de los cuales uno desconfía del vencimiento de la mercadería. Alfajores de remarca '' 3 x 2$'' (pero solo tienen de chocolate), chocolates  a 5$ cuando en el kiosco de la esquina están arriba de los 10$. Cuando uno mira la fecha de vencimiento se da cuenta que esta ah sido modificada, pero lo ignora. Ojos que no ven, vendedor contento. Suele llevarse bien con el chofer.
4) Mudito: vendedor que solo se dedica a vender. No prepara un discurso, solo deja su mercadería en tus rodillas o te lo acerca a las manos. No distingue entre personas dormidas o por dormirse. Suelen vender chicles a buenos precios.
P) COLECTIVERO GPS: de los más copados. No importa la hora del día ni cuantas vuelta viene dando. Él contesta todas las preguntas. ''¿Va para el Congreso maestro?''- ''No. Yo voy para Berazategui. Pero tomate el 12 que pasa por Constitución y te deja justito ahí''. Se putea en forma amigable con el boletero.
Q) BOLETERO: Nunca entendí bien la función de este personaje. Hace buenos chistes a la mañana. Hace dos años se solía quejar por la falta de monedas. Tiene buena onda con los choferes y cierto levante con las señoras mayores. Con la tarjeta monedero peligra su trabajo. Son una especie en extinción.

R) MIRÓN: personaje (en casi un 95% sexo masculino) que no deja de mirar mujeres sin disimular. Cree que todas lo miran a él y se inventa historias mientras viaja. Al bajarse la señorita el MIRÓN la mira por la ventanilla y si esta responde la mirada, el MIRÓN la saluda. Suelen tener un ego muy grande. Este personaje suele ser poco disimulado. En verano con los escotes la pasa muy bien. A las chicas lindas les cede el asiento.
S) MIRÓN PLATÓNICO: personaje femenino o masculino que al cruce de miradas se inventa una historia de amor. Sueña como será el primer beso, los hijos, la casa ,etc. Sufre una gran desilusión cuando se baja su ''enamorado/a''.
T) ALTA-VOZ: suelen hablar todo el tiempo por celular pero su gran característica es que el volumen de su voz aumenta considerablemente cuando reciben una llamada. Logran que todo el colectivo se entere de toda su conversación. Viaja casi siempre en el asiento de atrás al que viaja uno. Algunos ponen en alta-voz su celular para que parezca un Nextel. Son de comprar varias tarjetas de celular al mes.
U) MIRÓN LITERARIO: persona que no puede dejar de mirar lo que esta leyendo el otro. Sean diarios, revistas, libros, hojas,etc. Se esfuerzan al máximo para poder leer. Suelen ocupar el asiento de al lado tuyo o son los que están esperando que te levantes del asiento. Tienen cierta tendencia a leer los mensajes de texto de las personas. También se enganchan en conversaciones.
V)CUSTODIO DE LA PUERTA: persona que apenas sube al colectivo necesita quedarse al lado de la puerta de salida. Siempre recibe la pregunta de los demás pasajeros. ''Bajas???'' -''No..'' (su cara es de lastima). A veces son lastimados por la puerta.
W) MATEMÁTICO: estos personajes uno los encuentra antes de subir al colectivo. En el momento previo, cuando se arma la fila. Suelen salirse de la cola para contar cuantas personas hay en la fila (lo hacen sin disimular y en voz alta con los dedos señalando). Luego cuentan los asientos del colectivo. SI la cuenta da a favor y viajan sentados se ponen muy contentos. Si la cuenta da negativa buscan algún conocido que se encuentre más adelante. De no resultar la 2da opción esperan otro colectivo.
X) SIN CÓDIGO: personaje que también se encuentra antes de subir al bondi. No le importa cuanta gente esté haciendo la cola. En el primer corte se colan sin dudarlo. No tiene vergüenza y su cara es de piedra. Las ''viejas rapaces'' se suelen enojar con los ''sin códigos'' pero estos se hacen los de no escuchar. Quien escribe les desea una muerte dolorosa.

Y) EL LITERARIO: apenas sube al colectivo (o ya en la cola) saca sus lentes, abre el libro y se pone a leer. No le importa nada más que su libro. Si está sentado adelante de todo suele levantar la mirada para ver si viene una embarazada, un mujer con un nene chiquito, un discapacitado, en caso de que si, putea por adentro pero con una cara de feliz cumpleaños les da el asiento. Parado, con una mano agarra el libro y con la otra el pasamano, sigue leyendo sin importar lo incomodo que sea. Se siente muy feliz cuando ve a alguien leyendo en frente suyo. Se creen más que los demás.
Z) BUSCADOR DE PARECIDOS: Es como el ''ESPIA'' pero para algo inútil. Busca parecidos a famosos, amigos, mascotas. Suele ir acompañado de un amigo. De la manera menos sutil le dice '' la vieja que esta a tu derecha es Lita de Lazari'', el amigo sin disimular mira y se empieza a reir, la ''vieja que se parece a Lita de Lazari'' se da cuenta (suele ser una de las ''Viejas Rapaces''). No puede estar sin buscar parecidos. Suelen ser boludones pero son buena gente...

martes, 8 de mayo de 2012

Hasta dentro de un rato, Cele...

Dudé demasiado sobre lo que tenía que hacer con esto que sentía. Discutí con mi interior si te debía escribir o no.  Luego de un ida y vuelta sentí que lo tenía que hacer por esa parte de mí que se fue ayer con vos. Por qué a vos te dije todo lo que te tenía que decir mientras estabas recostada en el suelo (quince días antes de morir), te pedí que no te vayas que te quedes un ratito más (y lo hiciste), te agradecí por tu compañía eterna a mi lado y por hacerme mejor persona,  por tus besos cuando estaba mal, por tu ojos llenos de alegría cuando yo regresaba de la facultad o del trabajo, por tu inmortal movimiento de cola que llenaba de felicidad mi casa. Te agradecí por todo.
No tengo la fecha exacta de cuando llegaste a mi casa pero si el recuerdo de esa medianoche en la cual te presentaste por primera vez ante mis ojos y ante mi vida. Estaba acostado en mi cama durmiendo. Papá justo llegaba de trabajar y escucho que me dice ''Adri...mirá quien vino''. Me levanté rápido de mi cama y ahí estabas vos: una perra callejera, con una mirada inocente, que estaba sentada en la puerta de mi habitación. ''Se va a llamar Celeste, por que la traje desde Temperley'' dijo mi viejo ayudándola a presentarse. 
También contó mi papá que te había encontrado a unas cuadras del Coto de Temperley, que vos lo seguiste  hasta la estación y hasta subiste con él al tren, juntos bajaron en la Estación Varela y caminaron a medía noche hasta casa. Tu correa había sido una soguita de hilo que mi viejo había encontrado atada a una caja. 
Apenas te vi me refregué los ojos, me acerqué, te saludé y te llevé a comer a la cocina. ''Mañana la vamos a bañar'' dijo mi viejo. Dicho y hecho. Al otro día temprano te sacamos toda la tierra que traías de tu pasado de callejera, de tus calles en Temperley, de tus noches de soledad. Ya limpia, se te notaba una alegría inmensa. Cada día que pasaba ibas demostrando porque eras tan distinta a todos. Por qué eras especial. ''Adri, Tito...la cele está ladrando'' no sé porque no me puedo sacar de la cabeza ese dicho de mi vieja, ella tan ''arisca'' con los animales, lo dijo con una felicidad y sorpresa que hasta el día de hoy me hace temblar de escalofrío al pensarlo. Mi mamá festejaba que ya eras parte de nosotros.
Recuerdo tu agradecimiento infinito a mi padre por haberte dado un nuevo hogar  esperándolo todas las noches recostada al lado de la reja a que él llegue de trabajar. ¿Te acordás que te hacías pis de felicidad cuando él abría la puerta? Luego con el paso del tiempo no solamente lo esperabas en la reja, también aprendiste a abrir la puerta. ''Cele, abrime la puerta'' y vos orgullosa de tu gracia, con tu patita derecha traías la puerta hacía vos. Pensar que eso lo hiciste hasta hace poco. Enferma, mareada y desconcertada, hace unos días, intentaste y lograste abrir la puerta a papá. En tu última semana, fue imposible. 
Han pasado más diez años desde esa medíanoche. Hicimos varias travesuras juntos: desde romperle las plantas a mamá, dormir juntos en la cama de los viejos sobre el acolchado nuevo, tomar helado juntos, pelear,etc,etc. Cada recuerdo mío tiene algo de vos. Ya extraño soplarte la cara y que te la tapes con las dos patas delanteras. Ya extraño irme a leer un libro al pasillo, sentarme contra la pared y que vos no me dejes leer, por que querés jugar. Ya extraño que entres a mi cuarto y saltes a mi cama para despertarme. Ya, te extraño...
La puta madre que es muy difícil seguir escribiendo. No te voy a mentir, anoche cuando mamá me contó que te fuiste , por un lado sentí una calma por vos por que ahora ibas a descansar, pero por el otro, te quería para siempre conmigo. Se me hizo muy complicado dormir y amanecí llorando. No paraban de brotarme recuerdos y ocurrencias típicas de alguien que es terco ante una situación que no puede resolver. Ojalá que nos volvamos a ver. Ahora no sé que será de vos. Todavía miró el patio de atrás para ver si te veo. Tengo ganas de salir a gritar tu nombre fuerte al aire y que vengas corriendo a saltarme y a lamerme la cara. Tengo ganas de que aparezcas ahora mientras te escribo esto a secarme las lagrimas y jugar un rato. Tengo ganas de estar abrazado a  vos, de que nos tiremos en el piso de adelante y que no importe nada pero nada más que nosotros dos. No tengo ganas de decirte adiós todavía cele...
Supongo que con el paso del tiempo me iré acostumbrando a tu ausencia, tus recuerdos ya no me harán temblar el alma sino serán una sonrisa de alguien que te hizo muy feliz. Igual estoy seguro que la casa no será la misma. Ni mamá ( te lloró bastante, te aviso), ni papá (tu todo), ni la Negra (tu hija), ni Grizzo (tu enemigo), ni yo, vamos a ser los mismos sin vos. Ya no sé que creer. Tal vez, de verdad exista el cielo y nos estés esperando en la puerta y cuando lleguemos (cada uno por nuestro lado) nos vas a abrir la puerta y nos vas recibir moviendo la cola. O quizás a partir de ahora serás solamente un recuerdo. No sé Cele, te juro que no sé. Me encantaría saber. Por lo pronto una de las pocas cosas que quiero en este momento es poder ir a dormir y estar con vos aunque sea hasta la mañana, en un hermoso sueño. O tal vez quien te dice que algún día me voy a dormir, me uno a tu sueño y soñamos eternamente. 
No quiero terminar esto. Lo estoy alargando solo para no decir adiós. Pero bueno, te dejo y me dejo ir. Gracias por tanto.Cuidá la parte de mi corazón que se fue con vos que yo voy a cuidar tu recuerdo que se quedó conmigo.
Chau. Será hasta pronto, te lo prometo! Te amo..

viernes, 4 de mayo de 2012

El vértigo

Estaba mirando la tele acostado en el sillón. Un impulso, como algo que quiere ser, le pedía a su interior salir a la terraza a respirar aire puro. Se levantó, abrió la puerta de su casa y se fue hacía allá. Ya en la terraza prendió un cigarrillo y miró el cielo. Este tenía las mismas características que puede tener un cielo azul semi despejado un viernes de otoño por la tarde: pocas nubes, un cielo fresco, aire agradable para ingerir, una eterna profundidad y un Sol con poca fuerza. Pero para Martín ese cielo era distinto a todos los que alguna vez vio. ¿Cuántas veces miramos al cielo por día? ¿Cuántos segundos de mirada observadora le dedicamos al escenario que hasta el fin de nuestros días vamos a tener sobre nuestra cabeza?
Luego de unos cinco minutos de observar el firmamento sin interrupción, la fascinación de Martín se había esfumado. Volvía a ser la ‘’nada’’ que miramos cuando miramos la nada.  Se apoyó sobre la baranda que separa el abismo de la terraza. Vivía en el piso 18 de un edificio ubicado en el alma de Capital Federal. Desde ahí, desde esa altura, los autos, los colectivos, las personas, los ruidos, todo pero todo allá abajo parecía de juguete, de mentira, un engaño de la mente. Ese suelo ‘’de juguete’’ también le causaba un estupor parecido al que minutos antes le había producido el cielo débil de otoño.  Para disfrutarlo más se sentó sobre la baranda.
Sus pies flotaban sobre el aire  y él como hipnotizado no podía sacar la vista del abismo. De repente lo invadió el vértigo.  Cayó en la cuenta de que estaba en delgada línea entre la vida y la muerte. ‘’No te creas que es tan fácil morir’’ le había comentado un amigo entre tragos filosofando en una noche de bar. Recién ahí había entendido al cien por cien la frase, sólo tenía que caer, dejarse llevar hacía ese abismo que repetía su nombre, pero algo lo retenía, ese algo, ese abrazo invisible que lo mantenía sentado en la baranda, era él mismo. ¿Cuántas veces la muerte nos habló al oído y nosotros no nos dimos cuenta? ¿Y cuántas el vértigo de querer caer justamente porque se sabe que no se puede caer nos invadió?
Martín entró en pánico, ya el abajo no le parecía de juguete ni de mentira, era real y palpable. De a poco se empezó a quedar sin oxigeno como un renacuajo al cual el tiempo y el calor le van tomando el agua del charco donde fue expulsado a la vida.  Martín estaba paralizado, no sabía como salir de la posición que se encontraba en la baranda. Escuchaba la risa de la muerte como quien dice ‘’ ¿Querés jugar conmigo? Bueno, juguemos. Pero mirá que siempre gano yo’’. De a poco se fue tranquilizando, tomó coraje y de una vuelta quedó en el piso de la terraza..
  Una vez en tierra firme, se abrazó al suelo sucio. Estuvo a punto de llorar. Todavía no entendía qué lo llevó a realizar semejante locura. Por qué había salido de la tranquilidad de su sillón a estar cara a cara contra el abismo. Su corazón todavía galopaba pero de a poco iba recuperando su respiración normal. Juró a si mismo que nunca más lo iba a repetir, que nunca más iba a jugar con su muerte. Bajó a su casa, abrió la puerta, entró al comedor, se sacó las zapatillas y las medías, e intentó dormir en el sillón. Todavía esa electricidad recorría su cuerpo. Se levantó, fue hacía la cocina, abrió descalzo la heladera y tomó una coca bien fría.

  
 

martes, 1 de mayo de 2012

La ''loca de los gatos'' y la soledad.


Tenía cuatro años y mi familia recién desembarcaba en Florencio Varela .Vaya uno a saber hace cuantos años que ella estaba y si antes era la misma que la de entonces. Cristina era su nombre, ''la loca de los gatos'' su apodo. Vivía sola en compañía de sus animales en una casa de material. La edad nunca la supe pero mi papá decía que era vieja. Si apuro a mis recuerdos de la infancia lo primero que se me viene a la mente era que se bañaba desnuda en las noches de verano (y también en las de invierno), que en navidad y en año nuevo abusaba al extremo de la sidra y otras bebidas alcohólicas; tal vez era porque la soledad brindaba con ella o porque simplemente le gustaba tomar.
A veces se nos iba la pelota a su casa. Tenía dos tipos de reacciones: la primera era la devolvernos sin problemas el balón mientras decía ''yo se las entrego chicos...no soy como el hijo de puta de al lado, ese esta poseído por el demonio’’, el ''del al lado'' era el ''viejo del frente'' (http://calledetierraytinta.blogspot.com.ar/2012/04/el-viejo-del-frente.html). La segunda era la de putearnos a más no poder y no devolvernos la pelota. En su descuido el que la había tirado tenía que entrar a buscarla.
Los gatitos abandonados iban a parar a su puerta y así se iba agrandando su ejército. ''Michiiiiiii michiiiii'' era el nombre de todos los gatos o el de su preferido (vaya uno a saber).
Que la locura era parte de sus días eso era seguro, que nadie le tendía una mano, también. Todavía me cuesta entender esa metamorfosis en el tiempo en la cual todos sus gatos se convirtieron en perros. Un día no le dejaron gatitos en la puerta sino perritos y estos crecieron, y bueno…es la ley del más fuerte.
Un tarde nublada, fría y mentirosa de primavera yo estaba trabajando cuando suena el teléfono de mi laburo.
-Hola mami, como andas?
- Bien ¿A que no sabés quien se murió Adri? Disparó sin anestesia.
Nunca entendí el ''adivina adivinador'' que usaba mi vieja en esos momentos, pero estoy seguro de que le encanta jugar a la adivinanza con las muertes de conocidos no tan cercanos.
A Cristina la habían encontrado tirada en el piso con sangre en la cabeza. A los vecinos les había llamado la atención no verla por unos días. El olor que había en su casa era desagradable. Estaba sola acompañada de sus perros, de su soledad, de su muerte y de  los fantasmas de sus gatos. Ningún ser humano en el lecho de su muerte la lloró. 

domingo, 29 de abril de 2012

El ''viejo del frente''


Verano sin fecha de mi infancia, tiempos en los cuales el Sol hacia su trabajo como debía y la temperatura se posaba en los 40 grados sin problemas. Con los chicos jugábamos a la pelota en frente de mi casa a cualquier hora. La reja roja, vieja y oxidada era el arco en el cual nos disponíamos a jugar al ''25'', ''metegol'', o a los penales. ¡Arco traicionero si los había! A simple vista era una reja débil sin alma pero venía con un imán para pelotas en sus puntas y sin dudas que funcionaba de una excelente manera. Como límite de la cancha teníamos la casa del ''viejo del frente''. Alambrado de un metro y medio de altura era el portón de su casa. De esta cuidaba un perro que de cachorro parecía que iba a ser un ''perro policía'' pero los años lo traicionaron y terminó siendo un ‘’perro civil’’ (en las personas pasa lo mismo cuando dicen ‘’te juro que de chiquito era lindo y ahora no sé que me pasó’’).
 Recuerdo que las pelotas que usábamos tenían cierta tendencia a caer dentro de esa casa y a jugar hasta reventarse con el perro. Y cuando quedaban vivas el ''viejo'' las pinchaba. Rara vez las devolvía, aunque nosotros siempre llamábamos y las pedíamos. El que la tiraba la tenía que ir a buscar (la ley de la vida). El mecanismo era el siguiente: acercarse al alambrado, medir si no se puede agarrar el balón con la mano, en caso de que no, tragar saliva, encomendarse a Dios, golpear las manos y decir ‘’señor! Señor! Me pasa la pelota’’.
 Mi vieja (mientras mi papá parchaba y nos cocía las pelotas) siempre nos decía que no lo molestemos ya que él era sereno y a la noche trabajaba. Con el tiempo fui descubriendo el otro significado de la palabra ''sereno'' y comprendí que el ''viejo del frente'' no era tranquilo sino que cuidaba de noche un galpón.
 Con el tiempo asfaltaron la calle de Leo y la cancha invisible se mudó 50 metros, y junto con ese cambio las rodillas empezaron a sangrar. Hoy tengo 23 años y ya no juego a la pelota enfrente de mi casa ni en lo de Leo ni tampoco me sangran las rodillas, el ''viejo'' del frente pasó a llamarse ''señor'' del frente. A veces me lo cruzo cuando voy a la mañana a tomar el bondi. Él vuelve de su trabajo, yo voy. Siempre hay una mueca cómplice en el ''Buen día'', supongo que en esa mueca  yo silenciosamente le perdono el hecho de pinchar mis pelotas de futbol con total impunidad y él me perdona (y nos perdona) el hecho de no dejarlo dormir en sus ratos de descanso.
 Su perro una noche aprovechó que el portón estaba abierto y nunca más volvió. ¿Se perdió o se escapó? No lo sé... son secretos que el pasado prefiere llevarse a la tumba.

viernes, 27 de abril de 2012

Calle de tierra


Han pasado los años y el barrio no es el mismo. Algunos personajes se han ido a un barrio mejor, mejor porque ellos están ahí, mejor por que las tardes en "ese barrio" tienen esa picardía que ellos tenían y que yo extraño. Desde los doce años dejé de creer en Dios y con él todo su combo: el cielo, el infierno, los santos, la iglesia, entre otros. A partir de ahí me quedó un vacio en donde ubicar a los muertos. Un lugar físico, claro. En mi memoria y en mi recuerdo los escucho, los veo, los admiro: los irrepetibles de mi barrio, esos ideales que uno quiere ser cuando la muerte nos revise los bolsillos, cuando este cerca de encontrarnos en este juego de escondidas sin escondites.
 Un día se fueron sin despedirse, sin avisar que era su última cargada, su último saludo, su último piropo a las minas, dejando un silencio duro, nostálgico, raro.
 Hoy estoy acá, mirando desde la ventana de mi casa la calle de tierra, la cual si hablara tendría tanto que contar, tantas horas de café que llenar. Me destierra demasiados olvidos, es como una foto del pasado con vida en el presente que respira ladridos de perros de día y un silencio mentiroso de noche. Ayer la recorrían las bicicletas de mis amigos, hoy sus autos o sus motos. Su color marrón pasado se distingue al gris rutina del asfalto que lo rodea, lo encierra y lo deja como una isla sin tesoro alrededor de un mar sin peces. Cuando llueve mucho es un mini barrizal de esos que le molesta a la gente.
No sólo nosotros dejamos de ensuciarnos o de jugar a las bolitas sobre su cuerpo, a la pelota, a las escondidas; tampoco los sapos ya no se aparean en sus zanjas o hacen su ritual de cantos en la madrugada.
 ¿Quién sabrá que destino le tiene preparado el destino?
¿Quién sabrá qué tan generoso va ser el progreso con ella? Tal vez el futuro se olvida de pavimentarla y la deja virgen. O quizás los vecinos juntas firman y logran que la tierra se transforme en cemento y así chau barro (el cual se pega en la ropa como yo tengo pegada a la calle de tierra en mí corazón), pero bueno no los voy a culpar si eso pasa, si total el loco que ve su pasado en una calle tierra soy yo...

miércoles, 25 de abril de 2012

Amor de perros



En la esquina, en donde se dan la mano la renombrada  Av Caseros y la humilde y desconocida Monasterio (barrio Parque Patricios), un perro y su dueño deciden ingresar de lleno en la plaza. El can tiene una postura totalmente exaltada: mira a los de su especie correteando, oliéndose entre sí, meando los árboles, jugando entre ellos, y se le hace agua la boca.  La correa se tensa a más no poder, al dueño se le hace muy difícil mantener la calma de la situación. ''Charli! Tranquilo, esperá un poco. Ya te suelto'' le repetía su amo (es muy desagradable la palabra ''amo''cuando se habla de la relación animal-ser humano), pero Charli no hacía caso. La inercia de su alma por ser uno más entre sus compañeros de juego, desbordaba su cuerpo obligándolo a realizar movimientos inútiles, exagerados. Algo dentro de Charli quería estallar: la cola se movía a más no poder, la lengua decía presente fuera de la boca mostrando agitación, sus patas luchaban contra ''eso'' (la correa) que las detenían.
''Listo Charli, andá! Pero tené cuidado'' dijo Javier y soltó la correa. El perro se metió disparado en el corazón de la plaza como un nene que sale corriendo a los brazos de su madre a la salida del jardín de infantes. Su carrera sin competencia al lugar en donde lo esperaban cuatro perros sólo se detuvo cuando decidió marcar el territorio en un tacho de basura. Objetivo cumplido: Charli ya era parte del juego, su alma estaba en calma, y solamente corría junto a sus ocasionales amigos los cuales no les importaba ni sus nombres, situaciones económicas, tamaños, ni nada. Eran todos iguales.
Javier lo vigilaba desde un banco despintado. Era una mañana fresca y con un Sol débil de otoño. Tenía sus manos en los bolsillos y luego de mirar a Charli su mirada se transformó en pensamiento. En ese lapsus recorrió en su mente, con el paisaje de la plaza y Charli detrás, su vida. Recordó su infancia en las calles Pompeya, las vacaciones familiares en Mar del Plata, la primera vez que entró al Cilindro de Avellaneda,  las llegadas borracho a su casa en la adolescencia, su primer amor, en fin, hizo un repaso de sus veintiocho años. El último vagón del recorrido era el presente, se bajó  y meditó sobre él: su trabajo, su profesión, sus amigos, su desamor. Cuando en sus ojos se proyectó la idea del ''desamor'' un punzón invisible le pincho el alma. Pensar en ella no le hacia para nada bien, hace tres meses que no la veía, ni sabía nada. La ruptura fue total y Gabriela (su ex) se fue con un adiós definitivo pero todavía la tenía presente en todos los rincones de su vida. Las despedidas tienen varias formas de representarse: en punto y seguido, tres puntos y punto final. La tercera fue la de esta pareja.

Javier no le buscaba explicación a lo que pasó con ella sólo la recordaba. Su ser estaba envuelto en telarañas de nostalgia y a él en este último tiempo ''disfrutaba'' enredarse hasta no poder salir de ellas. Una lágrima iba a correr sobre su mejilla, el dolor en la boca del estómago era cada vez más insoportable pero de repente apareció Charli. Primero su lengua recorrió cariñosamente la mejilla de su dueño como avisando que él había vuelvo, luego ladró para rescatarlo de esas redes y así traerlo a la realidad. Una vez que Javier reaccionó se fundió en un abrazo con Charli. Este ladraba, movía la cola y lo llenaba de besos. ''Hey Charli, volvé con tus amigos'' le dijo entre abrazos. Pero Charli por lo visto no quería volver. En este momento y como siempre sólo existía el mundo Javier, su mundo, el mundo de los dos.