miércoles, 24 de octubre de 2012

Sueño



Te soñé. Como si no hiciera falta pensarte en el bondi, en los semáforos en rojo, en la demora del subte, en mi demora, en fin; como si no bastara con pensarte con los ojos abiertos. En realidad no te soñé, osea, el sueño no era para vos, quiero decir, el sueño no estaba relacionado con vos, pero como siempre, hasta en los sueños, aparecés de golpe, con o sin sentido, y cambias el rumbo de mi fin.
Creo que apareciste cerca de mi despertar. Tu cara entró en mi sueño y borraste todo lo que antes había creado vaya uno a saber qué parte de mi cerebro. ¿Será la misma que te piensa, te quiere olvidar y te vuelve a pensar? ¿O ese seré yo y le estoy echando la culpa a una parte de mi cerebro?
Ahora no recuerdo si era una pesadilla lo que estaba soñando y llegaste a rescatarme (la verdad que no creo, no tenés pinta de heroína) o era un gran sueño y llegaste para arruinarlo (por acá, puede estar la verdad). Me desperté y dije ''pero la pucha, otra vez me desayuno con vos. Hoy no voy a pensarte''. Qué iluso que soy a veces, como si pudiera manejar mi pensamiento, como si pudiese elegir cuando recordarte y cuando no, o por lo menos saber de antemano cuando va a llegar tu recuerdo y así, ponerme una campera, cerrar los puños, morder los labios, y aguantar tu tempestad.
El café con leche está sobre la mesa, las galletitas dulces también. El diario con olor a diario completa el desayuno. En la tapa está Messi, se lo ve feliz. Llego a la estúpida e inverosímil conclusión de que el astro argentino tiene esa gran sonrisa porque no soñó con vos. Me río en voz alta de las boludeces que llego a pensar a las ocho de la mañana. Termino el café con leche, dejo alguna que otra galletita, el diario está por la mitad, Messi sigue sonriendo al igual que vos; pero él en la tapa de un diario y vos en mis recuerdos con olor a diario.


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