Tenía cuatro años y mi familia recién desembarcaba en Florencio Varela .Vaya uno a saber hace cuantos años que ella estaba y si antes era la misma que la de entonces. Cristina era su nombre, ''la loca de los gatos'' su apodo. Vivía sola en compañía de sus animales en una casa de material. La edad nunca la supe pero mi papá decía que era vieja. Si apuro a mis recuerdos de la infancia lo primero que se me viene a la mente era que se bañaba desnuda en las noches de verano (y también en las de invierno), que en navidad y en año nuevo abusaba al extremo de la sidra y otras bebidas alcohólicas; tal vez era porque la soledad brindaba con ella o porque simplemente le gustaba tomar.
A veces se nos iba la pelota a su casa. Tenía dos tipos de reacciones: la primera era la devolvernos sin problemas el balón mientras decía ''yo se las entrego chicos...no soy como el hijo de puta de al lado, ese esta poseído por el demonio’’, el ''del al lado'' era el ''viejo del frente'' (http://calledetierraytinta.blogspot.com.ar/2012/04/el-viejo-del-frente.html). La segunda era la de putearnos a más no poder y no devolvernos la pelota. En su descuido el que la había tirado tenía que entrar a buscarla.
Los gatitos abandonados iban a parar a su puerta y así se iba agrandando su ejército. ''Michiiiiiii michiiiii'' era el nombre de todos los gatos o el de su preferido (vaya uno a saber).
Que la locura era parte de sus días eso era seguro, que nadie le tendía una mano, también. Todavía me cuesta entender esa metamorfosis en el tiempo en la cual todos sus gatos se convirtieron en perros. Un día no le dejaron gatitos en la puerta sino perritos y estos crecieron, y bueno…es la ley del más fuerte.
Un tarde nublada, fría y mentirosa de primavera yo estaba trabajando cuando suena el teléfono de mi laburo.
-Hola mami, como andas?
- Bien ¿A que no sabés quien se murió Adri? Disparó sin anestesia.
Nunca entendí el ''adivina adivinador'' que usaba mi vieja en esos momentos, pero estoy seguro de que le encanta jugar a la adivinanza con las muertes de conocidos no tan cercanos.
A Cristina la habían encontrado tirada en el piso con sangre en la cabeza. A los vecinos les había llamado la atención no verla por unos días. El olor que había en su casa era desagradable. Estaba sola acompañada de sus perros, de su soledad, de su muerte y de los fantasmas de sus gatos. Ningún ser humano en el lecho de su muerte la lloró.
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