lunes, 23 de abril de 2012

Discusiones sin sentido


-Te dije que basta. No quiero hablar
-Pero esperá! hablemos..
-No. Ya está. Listo! 
-Yo te voy a seguir
... Cómo una vieja chusma (la más chusma del barrio) escuchaba esta pelea mientras estaba a una cuadra de llegar a mi laburo. Era una pareja joven que no paraba de discutir en frente de todos. Por lo visto la macana se la había mando ella. Él caminaba con un paso firme como de soldado, ella lo trataba de parar con las manos, suplicándole que detenga su marcha para poder hablar. Hace cuanto que no me ''peleo'' en la calle. Hace cuanto que no soy la atracción de la gente que no conozco por dos minutos.
Seguí caminando, los pasé (ellos venían delante mío), los dejé atrás. Igual mi oido (de chusma) todavía seguía registrando la discusión, más de lo mismo: ella suplica, él reprocha, ella lo abraza, él la saca, ella llora, él la besa, los dos se abrazan y algún otro día u otra mañana volverán a pelear de la misma forma hasta que se saturen, se cansen, corten y se odien o se casen.
Cuando la pareja había quedado un tanto lejos mío y de mi oído, miro a mis pies y veo una rata muerta. Estaba tirada en el piso, cómo si al morir el roedor hubiera elegido quitarle protagonismo a la pareja y fallecer a la luz de todos. Me detengo ante ella y la sigo observando:
-¿Qué mirás? dice la rata desde el más allá.
- A vos. Le contesto.
-¿Nunca viste una rata muerta?
- Si, pero nunca una rata que hablara. Y encima muerta.
- Da igual. Vos también te estás muriendo. Me dijo en tono frio.
- Todos nos estamos muriendo poco a poco, minuto a minuto. Pero vos ya estás muerta. Contesté y me fui.
Sigo mi camino. La rata sigue acostada en el suelo, yo me apuro porque voy a llegar tarde a mi trabajo. Como caída del telón al final de una función me vuelve el recuerdo de la rata: sus ojos llenos de oscuridad, su voz fría que rebotaba en forma de eco en mi cerebro, su cuerpo inmóvil con tres o cuatro moscas alrededor, su olor a pasado podrido, su odio hacia la vida. Todo se mezclo en mi memoria. Tuve de repente ganas (muchas ganas) de vomitar.
Al llegar a la esquina miré para atrás, ya no estaba la pareja ni la rata, solamente quedaba el recuerdo dubitativo que miraba la discusión entre la verdad y la mentira, las cuales no podían ( o no querían) ponerse de acuerdo sobre quién predominó hasta hace un rato. La única certeza que tenía la verdad era mi apuro por llegar a horario al trabajo y mis repetidas ganas de vomitar. La única verdad que tenía la mentira era que las ratas no hablan y no mueren a la luz del Sol...


3 comentarios:

  1. esto me lleva a cuestionarME, entonces, a penas nacemos comenzamos a morir? crecemos mas que morimos? hay un punto exacto en la vida donde empezamos a morir?

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  2. Es muy cuestionable y subjetivo. Yo pienso que al nacer se activa una especie de alarma que hace un ruido (''tic'') y comienza la cuenta para atrás de cuanto falta por morir. También es buena la idea de pensar en que momento de nuestra vida se decide nuestra muerte.

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  3. hay una pelicula "el precio del mañana" donde en un futuro ya no va a existir dinero, solo el tiempo.. el valioso tiempo... los millonarios son aquellos que tienen mas tiempo que los otros.. los pobren mueren a los 25 años.. pelicula regular.. idea..uff excelente metafora...

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