Subte
B, estación Malabia (Pugliesse), desde ahí arranca mi memoria inmediata.
Domingo a la tarde, 15.30, para ser más preciso, desde ahí arranca el relato.
Pasa la estación Lacroze y el vagón queda triste, triste de gente. El subte
llega a su última parada, a su terminal, estación Los Incas. ¿Sabrán los Incas
que una estación de subte lleva su nombre? El subte se detiene por completo, la
poca gente que hay en el vagón se baja. Pasa un abuelo que va de la mano de su
nieto, al verlos sentí una sensación de felicidad, los ojos de ambos estaban
tan llenos de vida, el solo hecho de mirarlos te daban ganas de vivir y muchas
ganas de ser un nene y un abuelo a la vez. Salgo del subsuelo gracias a una
escalera mecánica (uno de los mejores inventos del hombre), camino por la Av Los
Incas y pretendo entrar a Parque Chas. Barrio que con sus calles rebeldes, con
sus aires de laberinto, con la confianza de saber que siempre me va a dejar
perdido entre sus esquinas. Es imposible no perderse ahí.
Mientras voy por
una calle que ahora no recuerdo el nombre, me acuerdo de vos. Sos tan parecida
a Parque Chas, entre tus calles me pierdo, en tus esquinas me paro a preguntar
como sigo, doy vueltas sobre vos y termino siempre en el mismo lugar. Arranco
con la confianza de que sé como llegar a mi destino, pero a mitad de camino
entro a disfrutar del sabor de no saber a donde ir, y así ando perdido,
desorbitado, distraído, mal parado, impaciente, tartamudo. Perdido en Parque Chas.

Desde que empiezo a leer hasta que termino, en mi mente van apareciendo las imágenes que contas y me pongo en ese mismo lugar como una cámara siguiéndote hasta que das por terminado tu relato.
ResponderEliminarJohnnas.C
un fenomeno...
ResponderEliminarGenio! No tenés techo! Seguí así que hasta el libro no parás!
ResponderEliminarGracias a todos! Ya saben, su aliento fue muy importante para que me ''anime'' a hacerlo.
ResponderEliminarUn abrazo para los hombres, un beso para la señorita (futura editora)