
Y la noche entró a comer. Y el auto (conmigo en su interior) ingresó a un barrio fantasma. Voy cerca de tu casa, la que jamás visité. Nunca pise tu barrio, ni en las nuevas, ni en las viejas épocas. Pero me sé de memoria el camino a tu casa. Con los ojos vendados y enceguecidos, rengo y mal dormido, puedo golpear tu puerta, puedo abrir tu ojos. No importa que me cambies los olores de tu cama siempre llego para soñar que hago una trinchera en tu almohada, para poder perder cerca tuyo. Es un barrio de casas bajas y árboles enanos, de perros con ojos de luciérnagas que aúllan en la oscuridad, de barro y barro, de brujas sin escobas, de recuerdos con siete vidas. Es tan parecido a lo que nunca me contaste. Mejor aún, así puedo dibujarte sobre esta hoja negra; estás flotando en una esquina enamorando a los colectivos, dejando caer de tu pelo oscuro (de noche y estrellas) las dudas sobre las alcantarillas,mientras que con tu risa volvés inmóvil al tiempo, paralítico y de madera.
Frente al auto se cruza un Siberiano amarillo, lo más parecido a un lobo que pudo dibujar la noche, y el viento mueve una montañita de polvo; lo más idéntico a un tornado que pudo crear el clima mientras moría de sueño. El chofer baja la velocidad en las lomas de burro y en tus recuerdos. Yo apoyando mi cabeza sobre el marco de la ventanilla miro los alambrados, las ramas y tus sueños. Siento que pasé mil veces esta escena. Siento que escribí doscientas cuarenta veces está noche. Me sorprendo al comprobar que te miré más de nueve siglos sin pestañear.
Voy escapando de tu barrio, apuras penas, como un ladrón de gallinas de huevos oro. Me despido abriendo los ojos para no imaginarte, cantando bajito para no escuchar los reproches de mi alma (que está aburrida de extrañarte). El auto volvió a su ruta normal. Los árboles,tu barrio, tu fantasma y el Siberiano amarillo silban a modo de despedida el silencio de mi noche.
te vas al re carajo, me quede suspirando...me gusto mucho! te felicito!
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