domingo, 22 de julio de 2012

''Yo si me suicidio va a ser un domingo a la tarde''


Muchos dicen que una vez se hizo un estudio (en Estados Unidos como todos los estudios que se hacen) en donde se refleja que los domingos son los días en los cuales se producen más suicidios. A ese ‘’estudio’’ todos lo dan por sentado. Nadie se pregunta si de verdad se hizo o fue un chiste de sobremesa que tomó tanta sopa que terminó siendo un mito y de ahí llegó a ser una verdad irrefutable.  La gente prefiere creer antes que ponerse a pensar.

‘’Yo si me suicidio va a ser un domingo a la tarde’’ dice un gran amigo mío. Y ahí, en esa declaración, se ve algo que los estudiosos de Estados Unidos pasaron por alto. El domingo se pone heavy entre las dos de la tarde y las nueve de la noche.  En ese horario al ser humano se le cae la venda de los ojos y se da cuenta que no tiene que pensar en el trabajo, que el sábado se llevó al cansancio, y que es ‘’libre’’ y que esa ‘’libertad’’ lo asusta.  Uno se encuentra con uno mismo, desnudo, frente a un espejo. Y eso lo desespera.  El ‘’ uno’’ del espejo le dice ‘’¡ahí tenés papá! ¿Vos no querías descansar? ¿Vos no pedías a gritos el domingo? Ahora pedís por favor algo para hacer…’’.

El domingo se caga de risa de todos. Es el más jodón de los días. Por ejemplo, a mí, hoy,  me dibuja un panorama excelente (para él): tos destructiva (de esas que la gente te mira con lástima  y hace caras de preocupación cuando toces), mi viejo escuchando máximo volumen un mp3 de Raphael, mi vieja cantando temas de Raphael en el lavadero.  El domingo y la fiaca son amigos desde chicos, se conocen desde jardín. ¡Hasta Dios descansó un domingo!  Ahora pienso que Dios vive en un eterno domingo y como está tan aburrido se pone a jugar con la vida de cada uno o inventa terremotos y todos esos desastre naturales que los ambientalistas nos echan la culpa a nosotros. Mirá si por tirar un papelito en la calle voy a hacer que en verano haga 45 grados de calor y se mueran los osos polares. No tengo tanta fuerza. Por ahora…
A veces me veo en una batalla al estilo lejano oeste contra el domingo. Ambos con sombrero, varios cactus, buitres  merodeando la zona, el revólver del lado derecho, ‘’cuando den las 17.00 comenzará el duelo’’, el cadillo volando (la bola de espinas)  y el rechinar de los caballos. Por supuesto siempre gana él.  Yo mal herido no puedo escribir, me encierro en la pieza, veo las horas pasar, busco telarañas (que no hay) en el techo, me quejo, me ‘’desquejo’’ y me vuelvo a quejar.  

Tendríamos que definir de quién es la culpa de que el domingo sea tan suicida. ¿De nosotros? ¿De los científicos de Estados Unidos? ¿De Dios? ¿De los buitres del lejano oeste? ¿Del mismo domingo? Quizá la culpa es compartida o quizás nadie la tiene.  Lo bueno de este día, es que te hace reflexionar. Si te molesta por algo será. Funciona de piedrita en el zapato y eso está bueno.  Hay que salir del domingo interno ¡Hay que gatillar más rápido que él!  

Seguiría escribiendo pero la fiaca y la siesta me llaman desnudas desde el somier.